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Llegar a Ecuador [Guayaquil - Ecuador]

  • 3 mar 2019
  • 4 min de lectura

ARGENTINA

Jueves 27 de Diciembre, 2018

(Aeroparque, Ciudad de Buenos Aires)


Llegué a aeroparque acompañado de mi madre y mi hermanita. Allí me esperaba Azul, la chica que conocí en el oasis de Huacachina y se convirtió en una compañera de vida sin igual. Hicimos el despacho de equipaje en los mostradores de LATAM, nuestra aerolínea que nos llevaría a Guayaquil con escalas en Mendoza y Lima.


Era mi primer viaje en pareja. Si bien mis anteriores experiencias empezaron acompañado con amigos, esta vez el desafío era más grande. Convivir 42 días con mi novia parecía algo demasiado grande para nosotros pero estábamos confiados de poder lograrlo.


Volamos a la provincia cuyana rápido y cómodos. Allí nos esperaba tomar otro vuelo recién a las 7:50 del viernes con destino a Lima (Perú). Cenamos unas pizzas muy buenas en el restaurante del aeropuerto mendocino. La espera prometía ser eterna y así fue.


En la mitad de la noche, el salón vacio en el que dormíamos aguardando por la hora de embarque se empezó a llenar de jóvenes de algún colegio secundario que volaban a Bariloche de viaje de egresados. Era inimaginable el griterío que retumbaba en la estructura del aeropuerto.


Viernes 28 de Diciembre, 2018

(Mendoza, Argentina)

Despachamos en Mendoza y nuevamente se hizo eterna la espera para ingresar a migraciones y el free shop. Logramos volar a Lima en horario, llegando a las 9:20 (hora de Perú) dejando atrás el tramo más largo de viaje.

PERÚ

Hicimos tiempo y estiramos las piernas. Tomamos el vuelo final a Guayaquil en horario (12:50 PM) y llegamos a Ecuador a las 16:30 con el cuerpo agotado.

ECUADOR

La alegría nos inundaba por dentro cuando vimos el laberinto que traza el río Guayas en su desembocadura. Desde arriba se veían los islotes y la ciudad apoyada en los cerros que protegían a la enorme urbe de los caprichos de las aguas dulces del cauce de agua.

La salida del aeropuerto fue rápida. Me abastecí de dólares en el baño para poder salir con efectivo a enfrentar la realidad ecuatoriana. En el país de la mitad del mundo la moneda oficial es el Dólar americano, por lo cual no era necesario cambiar divisas.

El aeropuerto de Guayaquil nos parecía colosal. En la puerta nos abrazó un calor agobiante. Unas carpas de colores nadaban en un estanque pidiendo alimento a los viajeros que llegaban al país. Los árboles y los colores nos parecían exagerados. Después de unas 24 horas de aeropuerto en aeropuerto nos sorprendía y nos chocaba ver la vida fuera del esas cajas de vidrio que veían despegar aviones a cada minuto.


Nuestro primer objetivo, antes de ir al hostel, era conseguir pasajes para irnos a Montañita al día siguiente. La idea era ir caminando a la Terminal Terrestre y averiguar por ellos. Si el camino se ponía difícil lo solucionaríamos tomando un taxi que nos salve. La mala fama ganada de la ciudad por la inseguridad nos hacía dudar pero nos ajustamos las mochilas y salimos a enfrentar Guayaquil. Juntos de la mano.


Fuimos preguntando con cara amigable a cada uno que nos cruzábamos hacia dónde dirigirnos. Lo primero que comprobamos era que los ecuatorianos no eran especialistas en indicarte cómo llegar a algún lugar. Después de algunas vueltas, llegamos a la estructura colosal que sacaba buses a cualquier punto del país.


La Terminal Terrestre tenía la apariencia de un shopping. La cantidad de gente era impresionante. El calor también. Caminamos un poco perdidos entre la maraña de personas sin saber bien a dónde ir. Después de tantas vueltas encontramos la única ventanilla que sacaba buses directos a Montañita.


En el tercer piso de ese edificio gigante encontramos la oficina 220 que sacaba buses a cada hora de Guayaquil a Olón (balneario aledaño a nuestro destino). Intentamos comprar nuestros pasajes pero nos dijeron que se compraban en el día con unas tres horas de anticipación. Decepcionados pero con el dato seguro, salimos a tomarnos un taxi al hostal Berlín.


El paisaje desde la ventana del taxi era preocupante. Como toda ciudad latinoamericana, la pobreza se amontonaba en las calles. Niveles y estratos de personas necesitadas sin techo pedían ayuda de cualquier forma posible a los autos que paraban en los semáforos. El mayor puerto de Ecuador tenía sus barrios marginales autóctonos. A todo esto, el taxista nos iba preocupando con su relato de lo jodida que estaba la situación en el país y en la ciudad. Azul se dormía justo cuando nos decía que “los turistas no tenían que dormirse” para no ser robados.


El hostal Berlín está en pleno centro comercial de Guayaquil. La zona era bien ruidosa por los autos y los colectivos que no escatimaban en bocinazos. La habitación tenía lo necesario: cama, baño, tele y un glorioso aire acondicionado que nos salvó la noche.

La realidad es que la ciudad nos intimidaba un poco. La cantidad de gente afuera, el ruido, la música a todo volumen como táctica de venta y el calor sofocante nos detenía dentro de las cuatro paredes de la habitación. Salimos a calentar un jarrito con agua y comimos un arroz listo en el cuarto. Teníamos la mente puesta en llegar a Montañita y poder empezar a disfrutar de nuestro viaje.


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El viajero anónimo

Hola soy Pablo y disfruto de andar viajando camuflado entre los demás, sin llamar la atención y retratando lo mejor de cada momento!

 

 

 

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